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50 contradicciones del mundo femenino

Martes 15 de Mayo de 2007 | Sin categoría | y nadie ha dicho nada

  1. Gri­tar furiosa y llo­rar des­con­so­la­da­mente durante la misma discusión.
  2. Con­quis­tar a un muje­riego para trans­for­marlo en un hom­bre de familia.
  3. Dejar a ese relu­ciente hom­bre de fami­lia para con­quis­tar a otro mujeriego.
  4. En una cita, insis­tir en pagar la mitad de la cena y no vol­ver a salir con él si acepta la oferta.
  5. En invierno, salir con una cami­seta dimi­nuta y ter­mi­nar envuelta en un cha­leco enorme y pres­tado que dice “Viaje de egre­sa­dos 1998″.
  6. Repe­tir incan­sa­ble­mente que sólo nece­si­tas amor, com­pren­sión y esta­bi­li­dad y sen­tir repul­sión por un hom­bre bueno y sim­ple que te mani­fiesta fron­tal­mente su devoción.
  7. Com­prar moder­nas pren­das hol­ga­das y lle­nas de cachi­va­ches que sólo otra mujer puede apreciar.
  8. Ponerse a dieta ter­mi­nal para ir a un casa­miento y comer como una piraña fuera de con­trol durante toda la fiesta.
  9. Seguir pre­ten­diendo que los hom­bres pue­dan ver lo enojada o triste que estás sin haber­les con­tado nada.
  10. Guar­dar ren­cor y bronca durante meses y esta­llar por­que se derramó la sal.
  11. Ana­li­zar tu vida amo­rosa des­glo­sando cada frase y cada acti­tud de tu pareja con tus ami­gas pero cor­tar una rela­ción si el tarot ase­gura que no es el indicado.
  12. Enamo­rarte de un hom­bre casado por­que es inca­paz de trai­cio­nar a su mujer.
  13. Des­po­tri­car cuando un hom­bre pesado e insis­tente te cor­teja, y per­der la cor­dura cuando por fin deja de hacerlo.
  14. Cata­lo­gar a una amiga sexual­mente hiper­ac­tiva como “una per­dida” y a una más selec­tiva de per­de­dora o les­biana encubierta.
  15. Com­prar una cami­seta de verano en noviem­bre sabiendo que en enero va a estar a mitad de precio.
  16. Dejar a un hom­bre por­que ya no te gusta y que vuelva a gus­tarte cuando él encuen­tra a otra.
  17. Ponerte ropa nueva para una cita sabiendo que un viejo ves­tido negro te queda mucho mejor.
  18. Hacerte la per­ma­nente si tu pelo es lacio, plan­charlo si tiene ondas o teñirlo de rubio si es oscuro.
  19. Insis­tir y espe­rar cuando la rela­ción está aca­bada hace tiempo.
  20. Morir de amor por un hom­bre que cría sólo a sus hijos y sen­tir pena por una mujer que hace lo mismo.
  21. Decir que las mode­los “son dema­siado fla­cas” mien­tras te tam­ba­leas por el cuarto día de ayuno.
  22. Decla­rar durante todo el año que cele­brar el aniver­sa­rio es una estu­pi­dez y eno­jarte con tu pareja cuando la fecha llega y se olvida.
  23. Sedu­cir a un hom­bre sabiendo con segu­ri­dad que jamás vas a dejar que te toque un pelo.
  24. Negarte a dejar los dul­ces para bajar el coles­te­rol pero hacer la dieta del arroz para usar un vestido.
  25. Creer en el horós­copo en las sema­nas que anun­cia cosas buenas.
  26. Ir a una fiesta en taco­nes y tirar­los debajo de la mesa luego de quince minu­tos para poder bailar.
  27. Hablar de dieta con una torta en la mano y hablar de tor­tas cuando estás a dieta.
  28. Que­jarse de que la depi­la­ción es un hábito pri­mi­tivo y gri­tar de asco cuando tu marido dice que dejes de hacerlo.
  29. Tomar sol al medio­día untada en aceite de cocina y com­prar crema anti­arru­gas y gel para con­torno de ojos.
  30. Decla­mar una y otra vez lo fuerte e inde­pen­diente que eres y simu­lar debi­li­dad e inde­fen­sión cuando nece­si­tas de un hombre.
  31. Decir que no quie­res nada para Navi­dad y secre­ta­mente espe­rar el regalo sorpresa.
  32. Remo­ver esos aros divi­nos de tus inmen­sas ore­jas alér­gi­cas, espe­rar dos o tres días y vol­ver a usarlos.
  33. Decir que “lo impor­tante es lo de aden­tro” cuando tie­nes un novio feo y ale­gar que “la piel es todo” cuando con­se­guiste uno lindo.
  34. Creerle al mismo hom­bre cuando habías jurado no vol­ver a hacerlo.
  35. Per­se­guir a tu pareja para que cola­bore en la cocina pero echarlo por inepto en cuanto empieza a ayudar.
  36. Espiar y ace­char a las com­pa­ñe­ras de ofi­cina más vagas e inep­tas para amar­garte y sufrir.
  37. Pro­barse ropa durante toda una tarde y salir con el pri­mer con­junto que elegiste.
  38. Arran­carte los pelos de pier­nas, axi­las y bigote con cera caliente o una máquina eléc­trica y llo­rar cuando te rom­pes una uña.
  39. Aban­do­nar a tu novio por­que es celoso y sen­tirse fea y desam­pa­rada cuando no te celan.
  40. Ser capaz de diri­gir una empresa de dos­cien­tos emplea­dos, un país de treinta millo­nes de habi­tan­tes o una fami­lia de doce miem­bros pero lla­mar a tu mamá cuando te duele la muela.
  41. Dejar la ropa más nueva y linda para salir cuando en reali­dad pasas cua­renta y ocho horas sema­na­les en la ofi­cina y tres o cua­tro en una salida.
  42. Pelliz­car bebés aje­nos, pen­sar hasta el can­san­cio los nom­bres de tus futu­ros hijos, emo­cio­narse con los emba­ra­zos de tus ami­gas y llo­rar des­con­so­la­da­mente el pri­mer día de atraso.
  43. Ir a una fiesta o reunión en la que está el hom­bre que te rom­pió el corazón.
  44. Pre­gun­tar si estás gorda para que te digan que estás flaca.
  45. Mirar come­dias román­ti­cas y melo­dra­mas al día siguiente de cor­tar con el amor de tu vida.
  46. Cen­su­rar a las amas de casa por­que no tie­nen una carrera y a las que tie­nen una carrera por­que la empleada domés­tica cuida de sus hijos.
  47. Sen­tir dis­cri­mi­na­ción si eli­gen a un hom­bre para tu puesto pero tener un derrame cere­bral de ira si eli­gen a otra mujer.
  48. Llo­rar con los docu­men­ta­les de los ani­ma­li­tos de “Nacio­nal Geo­grap­hic” e hiper­ven­ti­larse de exci­ta­ción frente a una car­tera de cuero.
  49. Con­si­de­rar que a los sesenta años un hom­bre es joven y una mujer una abuela.
  50. Bajar de peso, hacerte las uñas, bron­cearte y ves­tirte mejor cuando ter­mi­nas una rela­ción y engor­dar 20 kilos y ponerte el jog­ging, cuando empie­zas una.

Vía Bes­tia­ria


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