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La profesión de periodista

Sábado 15 de Abril de 2006 | Sin categoría | y nadie ha dicho nada

Hace unos días me suce­dió algo que me hizo pen­sar y reca­pa­ci­tar acerca de la res­pon­sa­bi­li­dad y com­ple­ji­dad que la pro­fe­sión de perio­dista lleva apa­re­jada. Como todo lo mágico que me ocu­rre en esta vida que vivo, la situa­ción que motivó que ahora esté escri­biendo estas líneas, llegó sin yo espe­rarlo, y gra­ta­mente me sorprendió…

Al día siguiente de reci­bir en mi móvil un men­saje de texto de mi amiga Julia en el que me pedía si por favor podía echarle una mano a una com­pa­ñera suya de la Uni­ver­si­dad para hacer un repor­taje sobre “El Mon­ta­ñismo”, me encon­tré sen­tado en una terraza de Mur­cia, con una cer­ve­cita entre las manos y frente a una perio­dista en poten­cia deseosa por saber, por cono­cer y com­pren­der lo que la mon­taña sig­ni­fi­caba para mí. Escu­chó aten­ta­mente, pre­guntó cuan­tas dudas le asal­ta­ron a la cabeza y trató de sumer­girse en lo que mi humilde per­sona podía ofre­cerle acerca del mundo que desde siem­pre ha guiado mi forma de ser y de vivir: LA MONTAÑA. Trató de asi­mi­lar el voca­bu­la­rio mon­ta­ñero para ser capaz de hablar como si toda su exis­ten­cia hubiera trans­cu­rrido alre­de­dor de las mon­ta­ñas… Quiso cono­cer qué extraña fuerza nos empuja a subir a esos luga­res donde la Tie­rra se abraza con el Cielo… Deseaba des­ve­lar ese mis­te­rio que los que suben a las mon­ta­ñas dicen que existe allá arriba…

Laura, mi sim­pá­tica y locuaz inter­lo­cu­tora, comenzó por reco­no­cer su com­pleta igno­ran­cia res­pecto al tema sobre el que tenía que redac­tar su artículo, lo cual, ya me hizo pen­sar en la difi­cul­tad extra que debía supo­ner tener que escri­bir sobre algo que te es com­ple­ta­mente ajeno. Mien­tras tra­tá­ba­mos de cen­trar la con­ver­sa­ción den­tro de un campo tan amplio como puede ser el mon­ta­ñismo, fue­ron saliendo a la luz nume­ro­sos y muy varia­dos con­cep­tos que, como gotas de agua cayendo sobre papel absor­bente, fue­ron que­dando embe­bi­das en su memo­ria. Asi­mi­laba cuanto salía por mi boca. Se podía per­ci­bir la nece­si­dad que tenía por colarse en un mundo al que recién aca­baba de lle­gar. Con­forme pasaba el tiempo y la cer­ve­cita iba bajando en nues­tros vasos (ella tomó Coca­cola, pero para el caso es lo mismo), la con­ver­sa­ción fue evo­lu­cio­nando de una mera des­crip­ción de con­cep­tos y pala­bras suel­tas, a una ter­tu­lia amena y dis­ten­dida en la que por momen­tos nos olvi­da­mos de la razón de nues­tro encuen­tro, para dejar­nos lle­var hacia temas que a cual­quiera le pare­ce­rían bas­tante ale­ja­dos del que nos debía ocu­par, pero que a noso­tros nos cau­ti­va­ron. Se exte­rio­ri­za­ción sen­ti­mien­tos e ideas que de siem­pre han guiado mi vida y aun hoy lo siguen haciendo. Y lle­ga­mos a la con­clu­sión de que la Mon­taña más que un deporte o una acti­vi­dad al aire libre puede ser y de hecho para mi lo es, una manera de ver la vida y de vivirla…

A las 3:30 de la madru­gada me envió el pri­mero borra­dor que había redac­tado durante toda la noche; evi­den­te­mente yo estaba dur­miendo a esas horas tan intes­pec­ti­vas, pero cuando lo leí al des­per­tar, tengo que reco­no­cer que me rubo­ricé. En sus líneas no solo había un repor­taje sobre un deporte con­creto, había algo más. Laura había sido capaz de cap­tar la esen­cia de lo que traté de trans­mi­tirle la tarde ante­rior en la terraza del cam­pus de la Mer­ced. En el texto había sen­ti­mien­tos, había una his­to­ria en la que me veía refle­jado. No es fácil con­se­guir que flo­rez­can de entre las pala­bras escri­tas en un papel, las emo­cio­nes que viven en ellas.

Esa tarde, la futura perio­dista me enseñó lo intere­sante que podía ser des­cu­brir mun­dos nue­vos total­mente des­co­no­ci­dos… y me hizo pen­sar que para ser un buen perio­dista hay que estar hecho de una pasta espe­cial. La curio­si­dad, la inquie­tud por lo que te rodea, la pasión por trans­mi­tir lo que otros han vivido, con la misma inten­si­dad que ellos lo harían, y la res­pon­sa­bi­li­dad para ser fiel a con­cep­tos que des­co­no­ces, son carac­te­rís­ti­cas que Laura me demos­tró que eran impres­cin­di­bles en esta pro­fe­sión de la que ahora os hablo: EL PERIODISMO.

Gra­cias Laura!! por hacer de un día cual­quiera, un día espe­cial. A ver si Richard Bach va a tener razón con su Ley Cósmica…

Un abrazo y mucha suerte en todo.

Con cariño, Fer.

P.D. Un beso a mi Julia que no falte.

Vía Un paseo por las Montanyas


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