Libros
sabado 23 de julio de 2005 | Uncategorized | y nadie ha dicho nada
Publicado en Diario de Noticias
MILENIO
Domingo 29 de mayo de 2005No puedo vivir sin un libro al lado. Más bien varios libros. Desde hace muchos años se convirtió en una necesidad. A lo largo del tiempo uno va adquiriendo costumbres que se convierten en verdaderas necesidades. Muchas de ellas son adicciones de las que no te atreves a pasar y de otras, aunque nos cueste, logramos desprendernos aunque sea temporalmente. Los amigos, la buena mesa, el buen sexo, Internet, escuchar música, leer el periódico, dormirte con el libro al lado, la familia, incluso el trabajo; a veces en ese orden, muchas más en otro diferente, unas veces juntas y otras revueltas. Diversas circunstancias nos obligan, es cierto, a prescindir de unas costumbres o de otras llegado el caso. Me he dado cuenta de que de todas ellas la que más me cuesta es la de dejar de leer. Entiéndase: uno ni deja de comer ni de beber (y en mi caso, tampoco de fumar), pero en lo de cogerle el gusto a algo, casi de manera compulsiva, la lectura está entre las adicciones más necesarias.
Quiero creer que también es una de las más convenientes (lo que la diferencia de manera absoluta del tabaco, dañina adicción la mires por donde la mires). Que si le diéramos más al libro, viviríamos mejor. Estamos estos días de Feria del Libro, y hay que celebrárnoslo: leyendo, por supuesto. Y comprando libros. Además, el papel sigue teniendo una atracción sensorial inigualable. Soy incapaz de leer ciertas cosas en la pantalla del ordenador: necesito tocarlas, medir su peso y oler la tinta. Es una sensación física a la que me declaro felizmente adicto. Y más en una sociedad en la que los libros son, por lo general, sospechosos de incitar la rebelión, la conciencia o la crítica. Cuando lees tú decides los tiempos y los ritmos, no hay anuncios ni los programadores pueden intervenir para colarte basura. Salvo que el libro lo sea, por supuesto. Que también sucede. Pero todo es cosa de no comprarlo si sospechas de él. El libro que te has llevado a casa, ese siempre va a sorprenderte. Libros.
Vía microsiervos
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