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Mujeres en la India de hoy

Jueves 27 de marzo de 2008 | sociedad | y nadie ha dicho nada

La India es un Estado fede­ral donde habi­tan pue­blos de diver­sas cul­tu­ras y reli­gio­nes. Un 80 por ciento de la pobla­ción reside en las zonas rura­les y el hin­duismo es la reli­gión mayo­ri­ta­ria. Ha entrado en el nuevo mile­nio con mil millo­nes de habi­tan­tes. Esta cifra está lejos de las pre­vi­sio­nes que se hicie­ran poco des­pués de la inde­pen­den­cia del país en 1947 y que no pasa­ban de 600 millo­nes. Los datos reco­gi­dos en el censo de 2001 reve­lan que fal­tan cin­cuenta millo­nes de muje­res. La ten­den­cia natu­ral de que su número sea un poco mayor que el de hom­bres se halla inver­tida al haber 933 muje­res por cada 1.000 hom­bres. La dis­cri­mi­na­ción que sufren las muje­res en todos los ámbi­tos de la vida y a todas las eda­des afecta a su pro­pia super­vi­ven­cia. Esto es lo que reve­lan las cifras.

Se pue­den enu­me­rar las cau­sas de la mor­ta­li­dad ele­vada de las muje­res, pero los pro­ce­sos socia­les y eco­nó­mi­cos que hay detrás son com­ple­jos e intrin­ca­dos. Empe­za­re­mos diciendo que es más pro­ba­ble que un bebé no lle­gue a nacer si es una niña. El aborto es libre en la India como corres­ponde a una nación que nece­sita por todos los medios con­tro­lar el cre­ci­miento de su pobla­ción. Lo que está prohi­bido es rea­li­zar eco­gra­fías para deter­mi­nar el sexo del feto. ¿Por qué ? Muchas muje­res tie­nen que abor­tar si el feto es una niña por­que una hija no podrá cui­dar de sus padres cuando enve­jez­can, por­que será la causa del empo­bre­ci­miento de la fami­lia al tener que pagar una dote en su boda, por­que será con­si­de­rada un hués­ped en su pro­pia casa hasta el día en que la aban­done para casarse, por­que el pres­ti­gio de la madre y su posi­ción en la fami­lia sólo se verán con­so­li­da­dos si el que nace es un varón, y por­que sólo éste puede rea­li­zar los ritos fune­ra­rios por sus padres. Si esta niña nace no se hará fiesta para parien­tes y veci­nos, cuando crezca reci­birá menos ali­men­tos y cui­da­dos que sus her­ma­nos, gas­ta­rán menos en su edu­ca­ción y rea­li­zará el tra­bajo domés­tico junto con su madre.

Domes­ti­ca­ción del carácter

El daño psi­co­ló­gico de cre­cer sabiendo que se vale menos que un varón sólo es el prin­ci­pio de un pro­ceso de domes­ti­ca­ción del carác­ter den­tro de la sumi­sión y la doci­li­dad. En una socie­dad obse­sio­nada con el matri­mo­nio, toda joven se casa con alguien que no conoce, va a una fami­lia extraña, en una pobla­ción dis­tinta, lejos de lo que ha sido su mundo afec­tivo hasta enton­ces y se somete a la tira­nía de la sue­gra que una vez fue nuera en una fami­lia extraña y que ahora tiene que adies­trar a este nuevo miem­bro en usos y ritos fami­lia­res. Se mira a la novia con recelo por­que el equi­li­brio que hay que man­te­ner en una fami­lia extensa es muy deli­cado. La fami­lia extensa con­siste en varias gene­ra­cio­nes viviendo bajo el mismo techo. Cuña­dos, pri­mos, sobri­nos… se pue­den sen­tir atraí­dos por la novia y para evi­tar ese peli­gro la sue­gra tiene que cui­dar en todo momento que su com­por­ta­miento sea el ade­cuado. Incluso el mismo esposo podría des­cui­dar la aten­ción a la fami­lia si se dedica dema­siado a ella. Sólo se le con­si­de­rará como miem­bro de pro­pio dere­cho cuando tenga el pri­mer hijo… varón. Si alguna de sus hijas sufre vio­len­cia o abu­sos sexua­les, lo que no es infre­cuente, segu­ra­mente no podrá hacer nada. Una mujer casada no tiene casa a la que huir si ella misma es víc­tima del mal­trato. Se con­si­dera que el marido tiene dere­cho a dis­ci­pli­nar a su esposa como lo con­si­dere necesario.

En cual­quier momento la fami­lia de su esposo puede nece­si­tar más dinero para que un her­mano estu­die o por una enfer­me­dad. Enton­ces, aun­que hayan pasado años desde la cere­mo­nia, se reque­rirá más dinero a la fami­lia de la novia. Si ésta no paga, la mujer corre el riesgo de morir en la cocina abra­sada, pren­dida con que­ro­seno, envuelta en su sari sin­té­tico. O puede que sufra un acoso que la empuje al sui­ci­dio. Lo lla­man “muer­tes rela­cio­na­das con la dote”. Ahora el marido se puede vol­ver a casar y con­se­guir más dinero para la fami­lia. Estos abu­sos tam­bién se pro­du­cen en paí­ses como Pakis­tán y Ban­gla­desh con los que hay una con­ti­nui­dad cul­tu­ral y reapa­re­cen en luga­res que reci­bie­ron la diás­pora india : Tri­ni­dad y Tobago, Canadá, Esta­dos Uni­dos o Reino Unido por citar unos cuantos.

Hay toda una lite­ra­tura y un acti­vismo polí­tico cen­tra­dos en luchar con­tra estos ase­si­na­tos. Cada vez que se sos­pe­cha que la muerte de una mujer no se debe a cau­sas natu­ra­les, las aso­cia­cio­nes de muje­res se echan a la calle. Hay múl­ti­ples orga­ni­za­cio­nes que tra­ba­jan por aca­bar con la dis­cri­mi­na­ción sis­te­má­tica y que están pre­sen­tes en foros nacio­na­les e inter­na­cio­na­les, en los medios de comu­ni­ca­ción, publi­can libros y revis­tas o for­man gru­pos de acción. Su ideo­lo­gía y sus estra­te­gias de libe­ra­ción son simi­la­res a las de otros gru­pos opri­mi­dos. Han con­se­guido abrir y man­te­ner un debate sobre la reserva de una cuota del 33 por ciento en pues­tos de repre­sen­ta­ción polí­tica para las muje­res y entre sus logros está la ile­ga­li­za­ción del aborto selectivo.

La India tiene una gran cul­tura de cuo­tas para pro­te­ger a las mino­rías. Gra­cias a ellas, hay muje­res que pue­den acce­der a ser alcal­de­sas (sar­panch) y preo­cu­parse de que se cons­tru­yan letri­nas para todos, rom­piendo la cos­tum­bre de defe­car al aire libre. Tam­bién se preo­cu­pan de prohi­bir la venta de alcohol o de mejo­rar las cana­li­za­cio­nes de agua (ya que son ellas las que dia­ria­mente deben apro­vi­sio­nar a la fami­lia) y de faci­li­tar otros aspec­tos de su vida diaria.

Cas­tas inferiores

Las muje­res per­te­ne­cien­tes a cas­tas infe­rio­res sufren pri­va­cio­nes y abu­sos en mayor medida. Los miem­bros de estas cas­tas tie­nen un 15 por ciento de pues­tos reser­va­dos en la edu­ca­ción, en las opo­si­cio­nes y en el par­la­mento fede­ral. Al hablar de casta baja nos refe­ri­mos a los dalit o into­ca­bles (en reali­dad fuera del sis­tema de cas­tas), que son un quinto de la pobla­ción actual. Son quie­nes cuen­tan con menos recur­sos. Un 90 por ciento viven en la India rural y un 80 por ciento son anal­fa­be­tos. Han sido explo­ta­dos durante dos mil años. Se dedi­can a tra­ba­jos poco remu­ne­ra­dos y con­si­de­ra­dos impu­ros, rela­cio­na­dos con los des­he­chos y la mate­ria muerta : lim­pian los baños, las alcan­ta­ri­llas, lavan la ropa, tra­ba­jan con la lana y el cuero, encien­den las piras fune­ra­rias, cor­tan el pelo… Hay muchas expli­ca­cio­nes para esta dis­cri­mi­na­ción : his­tó­ri­cas, eco­nó­mi­cas, reli­gio­sas e incluso psi­co­ló­gi­cas como la que rela­ta­mos a con­ti­nua­ción. Un com­por­ta­miento incons­ciente hace temer a la muerte y los dalit están en con­tacto con ella a dia­rio. Una con­cep­ción mágica del mundo que ve el cos­mos lleno de fuer­zas que se trans­mi­ten por el con­tacto hace que el tocar a un dalit con­ta­mine. Eso jus­ti­fica que vivan en áreas sepa­ra­das en los pue­blos, que no pue­dan entrar en los tem­plos, que no pue­dan uti­li­zar los pozos, que niños y niñas ten­gan que sen­tarse sepa­ra­dos de otros alum­nos y al final de la clase en las escuelas.

De un total de diez millo­nes de pros­ti­tu­tas, unas 500.000 son niñas. Muchas vie­nen de Nepal y de zonas empo­bre­ci­das, otras lo son por razo­nes reli­gio­sas. Aun­que un hindú de otra casta nunca bebe­ría del mismo vaso que un dalit, sí puede tener con­tacto sexual con sus muje­res. Cada año unas 1.000 niñas dalit son dedi­ca­das al culto de la diosa Yellama antes de lle­gar a la puber­tad. Algu­nos acti­vis­tas de los dere­chos huma­nos ele­van esta cifra a 15.000. La prin­ci­pal razón es que sus fami­lias no pue­den ali­men­tar­las. Niñas meno­res de diez años son casa­das con la dei­dad en una cere­mo­nia en la que reci­ben un collar de ini­cia­ción. La pri­mera noche era pri­vi­le­gio de los sacer­do­tes, pero actual­mente la des­flo­ra­ción la rea­liza el hom­bre que más puede pagar. De ahora en ade­lante lle­va­rán una vida de pros­ti­tu­tas no pudién­dose negar a nin­gún hom­bre que las requiera. Tra­ba­ja­rán en el campo por el día y ten­drán que men­di­gar sus ali­men­tos o aca­ba­rán en los bur­de­les de las ciu­da­des. Hasta un 30 por ciento de las pros­ti­tu­tas de Kamat­hi­pura en Mum­bay lo son por estos votos reli­gio­sos. En algu­nos luga­res ésta es una salida res­pe­ta­ble para una fami­lia pobre. La prác­tica no des­a­pa­rece, aun­que sea ile­gal, por­que está acep­tada reli­giosa y socialmente.

Pero se puede salir de vidas tan crue­les como éstas. En la socie­dad india, cual­quier mujer que mani­fiesta una fuerza extra­or­di­na­ria y no tiene miedo de los hom­bres es tra­tada con temor y reve­ren­cia. Si una pros­ti­tuta decide que su hija no tiene que seguir su misma vida y se dirige a quie­nes pue­den ayu­darla, puede reha­bi­li­tarse y lle­var una vida digna. La implan­ta­ción del sis­tema de micro­cré­di­tos está dando a las muje­res capa­ci­dad de deci­sión sobre sus pro­pias vidas y las de sus hijos e hijas. En la medida en que pue­den, dedi­can recur­sos para su edu­ca­ción y con­fían en que ten­drán un futuro mejor. Cada vez más muje­res ocu­pan pues­tos de res­pon­sa­bi­li­dad y tra­ba­jan para rom­per el círculo de la desigual­dad y hacer­nos lle­gar sus voces.


Irene San­ta­ma­ría es inves­ti­ga­dora y docente.

Este artículo fue publi­cado en el n° 11 de la edi­ción impresa de la revista Pue­blos, junio de 2004, pp. 52 y 53.

Vía Pue­blos


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