El sentido común se rebela ante la idea

Hace más de 100 años, la ley de propiedad urbanística de Estados Unidos determinaba que el dueño de un terreno también era dueño del espacio vertical, sobre y debajo de la tierra y durante años, incluyendo las primeras décadas del siglo XX, se daban discusiones legales sobre qué tan “hacia arriba” uno tenía propiedad y control. ¿Se incluye el espacio? – ¿algunas estrellas que veo desde mi casa?

La ley no estaba del todo clara en ese aspecto, era aceptada y respetada, aunque a muy pocas personas les importaba, porque, aunque los aviones ya se habían inventado, no eran algo habitual…

…hasta que empezaron los vuelos de aviones comerciales y todo cambió. Al tener control sobre el espacio vertical sobre la tierra, se iniciaron preguntas tipo: ¿una aerolínea comercial tiene que pedirme permiso para usar dicho espacio si vuela por encima de mi terreno? – ¿se debería iniciar el proceso de dar “licencias de uso” a las aerolíneas o cualquier persona que tenga un avión para que pueda usar espacios sin tener que pedir permiso uno a uno? En pocas palabras, el uso colectivo de la propiedad urbanística de los estadounidenses?

Según cuenta Lawrence Lessig en su libro Free Culture, estas preguntas se volvieron un caso en la Corte Federal de los Estados Unidos en 1945 cuando Thomas Lee y Tinie Causby estaban perdiendo gallinas a causa de vuelos bajos de aviones militares por encima de su propiedad y demandaron al gobierno por allanamiento de sus terrenos. Aunque los aviones nunca tocaban el suelo, técnicamente y de acuerdo a las leyes de 1945, los Causby tenían la razón. No solo eso: estaban incurriendo en pérdidas por tal motivo.

Al final, en 1946 la Corte Suprema de Justicia aceptó escuchar el caso de Thomas Lee y Tinie Causby, pero determinaron que la ley de propiedad urbanística era “anticuada”. Uno de los jueces dictaminó:

Esta doctrina no tiene lugar en el mundo moderno. El aire es un espacio público, como el Congreso declaró. Si no fuera cierto, cada vuelo transcontinental sería sujeto a innumerables demandas por allanamiento. El sentido común se rebela ante la idea. Reconocer este tipo de demandas como válidas interferiría seriamente con el desarrollo del interés público, y darle control privado a algo que solo debería ser público

Y como bien dice Lessig en su libro: esta es la forma en que las leyes deben funcionar siempre. «El sistema legal debería siempre adaptarse y auto-ajustarse al avance tecnológico». El avance, la innovación son fuerzas que existen naturalmente en el ser humano y el luchar contra ellas, especialmente desde un punto de vista político o legal es totalmente inútil.

…porque el sentido común se rebela ante la idea.

Vía Cooking Ideas

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